miércoles, 12 de mayo de 2010

BUENOS DÍAS, FUTURO

Atrévanse las cajas, deslícense las trompetas, luzcan los recortes y marque el paso el charles. Pelo en tercio rojo inunde el piso a la llegada del mañana. Brillo, ritmo y floripondio por los genes que vibraron con aquel clavel sobre un fusil, hoy en otro ser. Pongamos que hablo de la vida, o del ser, o de mí. A las generaciones sedentarias, impermeables, carentes todos ellos de motivaciones, carentes sus retinas de polvo y metralla, me dirijo desde dentro cargado con mis dudas, mis maravillosas dudas, y con mis sueños, esos perros ingrávidos que hackean mi mente cada dos decepciones y media. Somos el jardín con que comparan nuestros mayores el dibujo que antaño diseñaron para nosotros, o para ellos entonces, o para qué. El sol de Microsoft nos ha dorado, pioneros de otra vida, y nuestros tallos son más verdes. Somos, a la vez, pequeñas fuentes donde emana aquella piedra preciosa aún por descubrir en un estado material desconocido. Somos factores de producción creativa potenciales, tramoyistas de la bóveda celeste, auditores de esta caja de zapatos. Somos todo eso, pero también somos la letra no impresa que con unos y ceros se combina para formar la nada. Somos el epílogo desgajado del viejo tomo, las hojas sueltas flotando sobre el vino anciano, chocando de aquella manera con el brillo de los pétalos que vagan por los días. Pétalos y musas que iluminan el ingenio. No vivimos aquel mayo en la Sorbona, ni los días del puño y el ideal. Somos descendientes de pétalos que jamás nos hicieron encallar, ni aprendimos nunca a pilotar la caravela revolucionaria, o quizá hace poco hicimos puenting desde el estambre. Sirva este rincón color nostalgia para hacer flotar toda joya del que mañana será capitán y pasado estará muerto. Que viva el Sol, grumetes, por traer la primavera y con su aroma toda joya que en nuestra mente espera. Cajón de sastre o de estudiante imberbe, sírvete a tu antojo de esta plaza donde al atardecer las experiencias se relajan al olor del té, pues seremos juveniles por siempre hasta que las manecillas nos atrapen y el reloj marque las doce en punto. Sea por ofrenda a Nuestra Señora de la Creatividad o al Dios que todos llevamos dentro, habremos de decir lo que del alma nos emana.

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